Aunque tu silueta estuviera circundada por cristales y cemento, como esas vallas de solares protegidos por la codicia, aunque me apuntaran con una pistola en el sexo para no tocarte, aunque me prohibieran todos los pájaros del mundo con sus alas abiertas la visión de tu cuerpo desnudo, aunque los días estuvieran erigidos con ladrillos de dolor, aunque me apresaran por un crimen no cometido, yo siempre iría a besarte hasta tu sangre, porque tu amor es la suavidad de un látigo de ángel y la poesía el semen que resulta de la masturbación del alma.
Javier Corcobado en una pequeña participación en el libro del voyeur
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