paso mis dedos por tus labios húmedos,
cierro los ojos y flotamos juntos,
juntos nos vamos,
juntos estamos.
Conversamos a la orilla del mar,
sin palabras para hablar.
El cielo naranja escupe la sombra
que va conservando el tejido que unimos
con las agujas de bronce que él te dio.
Se enreda en tu cabello
mis dientes la sostienen
se resquebrajan con el chillido del resbalo,
se unen para ofrecerlos al suelo.
Del suelo pertenecemos
pero no invocamos a él
sino aquel que nos cuida
como fuego al papel.
Nos tomamos de las manos
para no perdernos nunca
estando en el norte o en el sur
aire veraniego y mar azul.
Al ras de las olas vuelan los ojos
por ver el incierto futuro de nosotros.
No es ahí donde hay que buscar
el hilo de la noche nos hará llegar.
Una vez ahí, entenderemos porqué pasó todo,
porqué la depresión nos daba la razón,
porqué la alegría nos mantenía al día,
porqué un reproche arruinó la noche,
porqué en este momento nos amamos más.
De esta forma va precediendo
este acontecimiento,
donde las espinas se vuelven blandas,
las corazas de algodón,
nos besamos en el núcleo,
de nuestro corazón.
