martes, 4 de septiembre de 2012

Sin Título

No concibo esta tristeza incesante que me envuelve sin razón alguna, un vacío en el pecho, un fondo en el corazón.

Me lleva a la orilla del mar, me sienta en la roca, esa compañera de tantas subjetivas penas. Ese escenario que nunca me olvida.

¿Será que ese bravío mar se ha creado con las invisibles lágrimas que exuda mi corazón?

¿Y ese viento, esa brisa, esas ráfagas de aire son el timón del olvido...?

Magnánima tristeza, te apoderas de mi,
gracias a ti me siento vivo, me olvido del sueño de vivir,
recuerdo el sueño de morir.

La inconsciencia, ese puente nubloso entre el olvido y la tristeza.

La tristeza ese fin que deja la inconsciencia  y recuerda el olvido.

Me sumerjo más
me conozco más
me ahogo más en mis pensamientos
en lo existente y lo deseable
lo tangible e intangible
entre el soy y el existo
entre mi y mis máscaras...